Crónicas del XV Encuentro

Albert Marín Ausín, octubre 2019

NUESTROS ENCUENTROS
Hace muchas semanas, quizás meses, que el jubilado espera, como un niño una excursión, que llegue el día señalado para reencontrarse por primera vez con Antonio, también con algún otro compañero con los que convivió durante muchos meses en el desierto, desconocido para todos ellos hasta entonces, y desconocido para siempre para los que jamás lo pisaron. Estos, se libraron de una mili dura, pero desconocen lo que se perdieron. Comprueba la maleta, que nada se quede, especialmente el polo y la gorra, que los estrenó por vez primera el pasado año, en el anterior Encuentro “pasado por agua”. Sí, no se deja nada. El equipaje es ligero, solo son tres días, pero serán muy intensos. Para Antonio y muchos más, será su primer Encuentro, para él ya es el segundo. Lo hay que ya será el quinceavo, no habiendo faltado a ninguno desde el ya, casi mítico, de Guadalajara. Otros que también iniciaron la “Fiesta Anual de la Hermandad Sahariana” en el Dos Mil Cinco, no han podido asistir a todos, a veces hay impedimentos, pero en cuanto no hay nada que se lo impida, vuelven a la tan esperada cita anual.
En el hotel de Mojácar pasa por el “Cuerpo de Guardia”. Ya hay compañeros con su indumentaria color arena, saluda a los que ya conoce y, otros que no sabe quiénes son, le saludan y preguntan de qué reemplazo y destino es. Se percibe el ambiente camaradería y emoción. Es la fiesta de los que hace más de cuarenta años vivieron una experiencia especial: Más dura para unos que para otros, según el cuerpo, destino, épocas o circunstancias personales, pero para todos, el alejamiento forzado para con sus seres queridos y la entrada en un mundo de retórica militar, tan diferente al que, hasta entonces, habían conocido.
Antonio aparecen en el hall del hotel, sonriente, esperando que el compañero le reconozca —después de tantos años, los cambios físicos son inevitables—, y sí, así es, las fotos enviadas por Internet o publicadas la WEB de “Sáhara Mili” o en el Facebook, han ayudado.
En la habitación todos se encuentran el tradicional obsequio, un detalle que, en esta ocasión, iba acompañado de un buen cava de nuestro compañero, ilustre sahariano, Joan Martínez Esquius.
El entorno de Mojácar, semidesértico, aunque montañoso, recuerda un poco el Sáhara y, además, el tiempo acompaña. Ha habido más suerte que en Peñíscola. La climatológica también se muestra benigna durante la Jura de Bandera en Viator, acto castrense, emocionante para muchos, donde buena parte de los asistentes renuevan su fidelidad a la bandera.
Al día siguiente, después del paseo frente al mar o visitando el típico pueblo elevado en la colina, la fiesta llega a su máximo exponente: la Comida de Hermandad. Casi quinientas personas llena la enorme sala comedor —la asistencia ha crecido considerablemente desde Guadalajara—, donde degustando un buen menú y charlando animadamente, se llega al reparto de diplomas. Lástima que no se pueda prolongar más la sobremesa, y es que todos se encuentran tan a gusto, pero los/as camareros/as deben acondicionar el comedor para la cena. Los más marchosos continúan la fiesta bailando en la terraza.
La excursión a Tabernas permitió permanecer y disfrutar unas horas más de la compañía de los antiguos “comilitones”.
Llegan los momentos de las despedidas con los abrazos y el: “volveré al próximo Encuentro, allá donde se celebre, nos volveremos a ver”. Durante muchos días, el intercambio de fotos será intenso a través de los actuales ingenios digitales. Si en el Sáhara los hubiésemos tenido…
Guadalajara, Toledo, Segovia, Tarragona, Ceuta, Valencia, La Coruña, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Valladolid, Murcia, Santander Peñíscola, Mojácar; todos Encuentros inolvidables gracias al esfuerzo de los que los preparan, los organizadores. He asistido a once de ellos. A los demás no pude por problemas familiares que algunos conocen, pero espero no faltar a los próximos que, seguro, todavía serán muchos. Nos seguiremos viendo.

Albert Marín Ausín

Jesús Palomares Martín, octubre 2019

“DISCURSO” EN LA COMIDA
Buenas tardes,
Quisiera darles la bienvenida a este momento de compañerismo y recuerdo que es el XV Encuentro Nacional de Veteranos del Sahara, que como todos los celebrados hasta ahora, no pretende ser nada más que un punto de encuentro donde recoger aquellos buenos o malos momentos vividos en el Sahara y también reencontrar a alguno de los compañeros con los que se compartieron aquellos momentos.
Algún veterano nos ha preguntado cuantos somos en esta comida.
Nos alegramos de que tengamos esta tarde 240 veteranos, junto a sus 181 acompañantes, tal como vamos a indicar, y si de una forma figurada esto fuera cualquier base del desierto, habría que decir que 2 de aviación y 3 de helicópteros nos han transportado hasta dejarnos en manos de 14 compañeros del BIR que nos van a instruir para que sobrevivamos.
Una vez que aprendamos, para hacer ruido tenemos 29 artilleros y para redactar la orden del día en retreta, 2 de Cuartel General son los que se ocuparan.
21 Ingenieros están para construir, destruir u obstruir lo que haga falta para que 21 de automóviles puedan llevar a los 18 de infantería hasta las zonas de dunas que 36 nómadas han recorrido dentro de las fronteras que han marcado 23 policías territoriales.
Para coordinara que todos los enlaces funcionen 2 de Red Permanente están en ello y para cuidar el botiquín en esta marcha 6 sanitarios nos cuidaran. 1 Cía. de Mar y 1 Bripac suministraran desde Mojacar Playa los vivieres necesarios para que 10 de intendencia nos preparen el rancho de cada día.
Si es necesaria una intervención de choque rápido, 15 legionarios se ocuparán, ayudados de 13 cabrerizos, a los que se añaden 23 simpatizantes, soldados de la Península, como los que llegaron al Sahara en los últimos días.
Pero no tendríamos las unidades completas, si no tuviésemos un recuerdo para esos compañeros y amigos saharianos, para los cuales la muerte no es el final, pero que ya no están entre nosotros a los cuales vamos a dedicar un minuto de silencio
Gracias a todos por venir.
Ahora procederemos a entregar unos diplomas y certificados a los socios merecedores de ello.

Jesus Palomares Martín

Manuel López Sanz, octubre 2019

Entre los días 17 y 20 de octubre se celebró en Mojácar el XV Encuentro de los Veteranos del Sáhara. Uno más, pero singular pues en él se llevó a cabo la jura de bandera (en la mayoría de los casos la reafirmación) de 120 saharianos y simpatizantes que, con atención, fueron observados por 145 asistentes. El lugar fue el acuartelamiento del II Tercio Rey Alfonso XIII, en Viator, Almería, siendo presidido por su jefe, el general de brigada Don Marcos Llago Navarro, al que se le entregó como recuerdo una placa conmemorativa.
En el salón de plenos del Ayuntamiento de Viator se le hizo entrega a su alcalde, D. Jesús Flores Malpica, de otra placa conmemorativa por las facilidades dadas para la celebración del acto.
De vuelta al hotel, en Mojácar, y a partir de las 18.30h, se celebró la Asamblea de Socios, con una asistencia masiva. Después de la lectura por parte del secretario de los datos económicos de 2019 y de su aprobación, tomaron la palabra algunos socios, básicamente para proponer lugares donde celebrar en XVI Encuentro, que quedaron anotados para procurar hacerlos efectivos.
Los saharianos que no fueron a Viator aprovecharon para visitar los alrededores (Mojácar, Garrucha, Carboneras…) y aprovechar la oferta gastronómica de la zona.
El sábado por la mañana unos y otros continuaron con sus visitas turísticas hasta la hora fijada para la foto de grupo, que se realizó en las escaleras del hotel. A continuación pasamos al comedor, en cuya puerta se le hizo entrega a las “sargentas” de una rosa y más de una sonrisa.
La comida transcurrió, como siempre, en un ambiente festivo, degustándose los platos del menú y los caldos que lo acompañaban.
Como es habitual se hizo entrega de los certificados de socios de la Asociación y de los que acreditan el derecho a la Medalla del Sáhara, así como los diplomas de la Asociación a los nuevos socios y los diplomas del Ministerio de Defensa a los que renovaron el juramento a la bandera.
También como siempre llegó el momento de recordar a los ausentes, a aquellos que nos dejaron durante el año, entonando La muerte no es el final.
El domingo 253 saharianos y sus acompañantes se trasladaron a Tabernas, al poblado del Oeste, plató de tantas películas del género, Oasis Minihollywood. Visitaron los distintos locales, compraron recuerdos y se hicieron fotos aquí y allá. El mini zoo, con especies variadas, desde felinos a reptiles, aves exóticas, etc., fauna de diferentes continentes, atrajo su atención y fue recorrido hasta que, con chubasco incluido, llegó la hora de presenciar el espectáculo de los cowboys. Quien más, quien menos recordó aquellas películas donde Clint Eastwood (con su sempiterno purito en la comisura de los labios), Lee Van Cleef y otros llenaban las salas con sus tiros y peleas imposibles.
Después de la comida tipo buffet en un restaurante del complejo, de unos cafés en el Saloon con espectáculo cómico-musical y de otro pase del número del Oeste, regresó la tropa al hotel.
Como en cada momento libre se sucedieron las charlas, las batallitas, los recuerdos, los deseos de verse en próximos encuentros de zona, los deseos de alargar lo posible esas pocas, siempre, horas que nos regalan los Encuentros Nacionales.
Y llegó el final. Paulatinamente los 421 asistentes fueron abandonando Mojácar y regresando a sus acuartelamientos, adonde llegaron con normalidad y con las ganas de que pase el tiempo rápido y volver a reunirse en cualquier lugar de España.

Manuel López Sanz

Fernando J. de la Cuesta, octubre 2019

Otro más y aunque ya son quince, nunca es uno más, siempre es unodiferente. Todos y cada uno de los Encuentros Nacionales a los que hasta ahora hemos tenido la fortuna de acudir, han presentado circunstancias y características diferenciales, aunque a todos les unen los sentimientos, la amistad y el recuerdo.

Esta vez ha sido Mojacar, bella localidad almeriense la que ha acogido nuestro último Encuentro Nacional. Como en ocasiones precedentes hemos tenido la oportunidad del reencuentro con los compañeros de entonces y los amigos de ahora. Amistad fraguada a lo largo de estos años en los que, con acierto, un compañero definió como “nuestra segunda mili”. Son muchas las emociones vividas a lo largo de nuestras reuniones que en muchos casos, nos deparan el encuentro con aquel compañero de entonces y aunque a veces nos cuesta reconocernos por el paso del tiempo, la chispa del recuerdo nos
retrotrae a ese tiempo de juventud en el que compartimos un lugar y un espacio común, con infinidad de anécdotas y vivencias comunes.

El punto álgido de este XV Encuentro ha sido la oportunidad que se nos ha brindado de renovar nuestro Juramento a la Bandera, con el aliciente de hacerlo ante la enseña del III Tercio Don Juan de Austria, precisamente la misma sobre la que lo hicimos, algunos de nosotros hace ya cincuenta años,
en el Campamento de la Playa del Aaiún. La emoción y el sentimiento afloró sin duda en estos viejos soldados del Sahara y más de una lágrima se escapó durante un acto que La Brigada Alfonso XIII de la Legión, con su proverbial eficacia, organizó para el disfrute de todos los Veteranos y sus familiares.

Como ya es habitual, el colofón lo puso la comida de hermandad donde todos juntos tuvimos la oportunidad de elevar nuestras copas en un brindis por nuestros compañeros ausentes. El resto del Encuentro transcurrió por los cauces habituales, mucha charla y muchas batallitas, siempre con la
benevolencia de nuestras esposas y compañeras que con su complicidad nos permiten disfrutar de estos gratos momentos. Como ya es habitual pudimos disfrutar de las visitas a los lugares de interés de los alrededores e incluso esta vez nos trasladamos hasta el lejano Oeste, gracias a la excursión dominical.

Vaya desde aquí nuestro agradecimiento a los compañeros encargados de la Organización por su trabajo y dedicación para conseguir que, una vez más, hayamos disfrutado de un maravilloso Encuentro Nacional de Veteranos del Sahara.

Hasta el próximo, un fuerte abrazo a todos.

Fernando J. de la Cuesta

Intendencia, Villa Cisneros 1969