Permitirme un poco de memoria e historia española y personal.
Hoy, lunes 12 de enero, se cumplen 50 años, también un lunes, de la evacuación en barco desde Villa Cisneros del último contingente militar español (parte del 4º Tercio de La Legión y otras Unidades) en la antigua rovincia española del Sáhara, la que hacía el núm. 53.
En estas situaciones, siempre hay algún soldado que, simbólicamente, se queda el último para cerrar la puerta. En este caso, ese día, modestamente, fui yo el último. Llevaba menos de tres meses (llegué a mediados de octubre 1975) y estaba destinado en el Cuartel General del Sáhara y acompañaba a los tres generales al mando del territorio.
Después de despedir a La Legión en el puerto, y de haber serrado el mástil, como se venía haciendo en todas las últimas bajadas de bandera, para que no ondease otra bandera que lo deshonrase, vuelta al aeropuerto de Villa Cisneros y viaje final en avión, un Aviocar de dos hélices, que esperaba desde hacía dos días. Los generales iban en otro más confortable, con unos butacones de terciopelo.
Allí me encuentro con la corresponsal Victoria Marco (nos conocíamos de la evacuación y bajada de bandera de El Aaiún) que me cita en su artículo por mi nombre y como el último soldado en marchar del Sáhara, lo cual es cierto porque ya casi no quedaba ningún uniformado.
Era la única mujer europea y periodista en aquellos días en el territorio y que marchó en la misma fecha. Todo un personaje, también escritora y cantante lírica en su juventud, que debutó en Barcelona y con más «galones» que su esposo que llegó a coronel. Coincidimos al cabo de unos días en Las Palmas y en 2011 la vi en TV en un programa de historia hablando de La Marcha Verde, donde recordó el encuentro en Villa Cisneros. Se puede ver en Youtube.
En apenas tres días fui evacuado dos veces junto con los tres generales, de Playa de Aaiún a Puerto del Rosario (Fuerteventura), en barco, y vuelta al Sáhara, Villa Cisneros, para despedir al último contingente militar, y finalmente regreso a Las Palmas G C., en estos dos casos en avión, todo ello por deferencia del Ejército Español y las circunstancias especiales del momento.
Inicialmente estaba previsto viajar a Villa Cisneros en el último convoy por el desierto (600 km) con más de 800 militares, pero se descartó por si habían combates. Se esperó a disponer de un buque para Fuerteventura.
El vuelo de regreso a Gando fue memorable y para no olvidar debido al estado eufórico del piloto que demostró todas sus peores acrobacias al despegar (giro de 180º nada más empezar a ascender para volver en
vuelo rasante a la pista) y al aterrizar (frenada de emergencia para no salirse de la pista).
Además, en el avion iba un _polizón_ civil, trajeado, mudo todo el viaje y custodiando celosamente un maletin que llevó siempre encima de sus piernas y estrechado con sus brazos. Era el representante del Banco Exterior. También llevamos de carga un mesa enorme, clásica, de despacho oficial y que casi sale volando con el frenazo.
Por fin en Las Palmas, misión cumplida y sin novedades, a pesar del piloto.
Enrique García (SN 844)
