LAS BOTAS DE VINO Esta tarde, nuestro 1º Paraca Manolo Viaño nos recordaba algo importante: beber para olvidar..., no está bien. Cuando la expedición procedente de Sevilla llegó a Algeciras, camino de Ceuta, allí estaba, con una bota de vino en cada mano, nuestro cantinero accidental de patrulla, el nómada MAXIMO JULIO CARMONA, para recibirnos a todos con obligados tragos a buen chorro de mejor vino de "Graná", incluidas las "Sargentos". Se trataba de dos buenas botas llenas hasta los pitorros; una grande, como hecha con una piel entera de vaca; la otra, menos grande, de un becerro. Con la ilusión de llegar pronto a Ceuta, pisar también de nuevo Africa y el "agua tontona" de Máximo Julio, nos parecía que el barco necesitaba cambio de amortiguadores, y que el Estrecho era más estrecho de lo que creíamos. Contentos..., pero llegamos..., y sin anfibios. Un abrazo.
CIERTAMENTE, MI-PRIMERO: La verdad es que nos hemos prodigado en los MUY MERECIDOS halagos a la generosidad de tantos y tan buenos compa?eros, El cava de JOAN, los puros de DIEGO, las atenciones infinitas de ANTONIO RIVAS y muchas mas, casi incontables, SE NOS OLVID?, la generosidad de nuestro compa?ero MAXIMO JULIO, que provisto de dos BOTAS DE VINO, (sabros?simo tintorro), nos refresc? la garganta y nos alegr? la ma?ana, haciendo de la travesia del estrecho, UNA ROMERIA SAHARIANA. ??Graci?as amigo M?ximo!!