EL REGRESO DE SALOU, UNA MAS DE ROBERTO Mientras esperábamos el AVE en el andén de la estación de Tarragona para regresar a nuestro destacamento, se acercó a nosotros un señor con una bolsa de viaje y 5 cajas de cartón agujereadas por la tapa con un BIC (como el de nuestro Sargento 1º). Con algo de timidez y bastante corrección, nos preguntó sobre la ubicación del vagón número 6 (el mismo que el nuestro), ya que en el suelo del andén no figuraba su numeración, como es habitual en otras estaciones. Roberto tampoco lo sabía, pero le daba igual, él empezó a disertar sobre todo lo que se le ocurría, incluida su pobreza y el motivo de nuestro viaje, al tiempo que le aconsejaba que lo siguiera a la hora de subir al tren. El viajero contó que vivía en una finca cercana, donde tenía su casa, y que se desplazaba a Lleida para pasar unos días. Allí lo esperaban su hija, su yerno y sus tres nietos. Cuando Roberto escuchó que vivía en una finca, se echó la gorra hacia atrás para despejarse el pensamiento, y con la sabiduría, retranca y desparpajo que le caracterizan empezó a hablarle de las suyas, haciéndole un pobre pero detallado inventario de sus bienes materiales, animales y vegetales. Mientras el catalán y el gallego intercambiaban cálculos de sus respectivas existencias, a cuál más exigua, Roberto lanzó un “estacazo” a los bancos, dejándole muy claro a su compañero de viaje de manera más directa que indirecta que no tenía dinero porque era pobre (por si las moscas, ya que, algunas veces, el dinero separa a los amigos; o te piden, que es peor). Ya se acercaba el tren al destino de su nuevo amigo, que se levantó de su asiento para despedirse de Roberto, haciéndolo muy atentamente y obsequiándole con una de las cajas con doce pollos que habían nacido el día anterior, y que llevaba a sus nietos porque disfrutaban mucho con ellos (pobres pollos). Ahora seguimos con los pollos de Roberto. Al arrancar el tren, viene una azafata con un cesto ofreciendo auriculares. Cuando alarga la mano para cogerlos, la caja se vuelca, los pollos protestan a coro, los viajeros miran por el suelo, Roberto “colorao” como una sandía, Angelines con los ojos pegados en la ventanilla, mi “sargento” partiéndose de risa con la cara dentro del bolso buscando el móvil y yo que me “piro” a la cafetería. Al llegar a Atocha, los pollos se despiertan, pero con el paseo que les dio Roberto meciéndolos se volvieron a dormir. Embarcaron en el ALVIA hacia Gijón, y todavía no he vuelto a tener noticias de los pollos ni del “pollo” que montó el galleguiño Roberto. Según me anticipó al despedirnos, cada uno de los doce pollos llevará el nombre de un sahariano, e irá al próximo encuentro con toda su descendencia. Un abrazo.
jejejeje......HABEIS MONTAOOOO....ER POLLO, EN EL AVE....jejeje....cualquier dia le regalar?n una chilaba llena de piojos, ladillas y chinches de un aut?ntico pobre, como el de su foto.
Amigo Julio ?eres ?nico! no veas lo que me acabo de reir con tu relato de las "andanzas" aventuras y desventuras de nuestro "pobre" Roberti?o.
Don JULIO , ERES UN CRAK. Gracias por ser corresponsal de guerra sahariano. Un Abrazo jajajaja.
Menuda liada me suena a aquello de " Hay que preparar los cepillos y la pasta dentr?fica para asear la dentadura de los camellos..."Bueno, Mi Priemro espero que est? en su servidor el mensaje un mensaje que le he enviado un abrzo. Dionisio