Garrapatas: Pues sí, Viaño, te cuento lo de la perdigonada. Yo he practicado varias de las llamadas “artes de caza”, tanto en su modalidad de “menor” como “mayor”. Ahora, con mi edad, mucho más sensible, me dedico a la vida contemplativa de la naturaleza, mucho más bonita y sin hacer daño a nada, ni a nadie. Pero eso no impide que reconozca la belleza y mérito de algunas de estas artes. Otras, no tanto. La “guerra galana”, con perro, es una de las que más me gustaban. El hombre y el perro, en una compenetración total, frente al campo, al monte, a la naturaleza y por supuesto a la caza. Por otra parte, las armas de fuego que yo conozco, además de por automáticas o no, escopetas o rifles, de ánima lisa o estriada, se distinguen por la forma de su cañón. El ánima del cañón puede ser cilíndrica o en forma de tronco de cono. Utilizando un arma de este tipo, se consigue un mayor agrupamiento de los perdigones con lo que se consigue tiros efectivos a larga distancia. Para tiros a corta distancia, es mejor los cilíndricos ya que la plomada se abre mucho más. Un grupo de amigos, con escopetas, perros y mucho ánimo, nos dispusimos a pasar una jornada de caza. Entre los perros, un magnifico “dratar” de pelo duro, con gran experiencia en muestras “a la pluma” y un vigor increíble. Empiezan las primeras paradas y el perro se comporta de forma extraordinaria. Los perros van batiendo el terreno y por el olor, tienen un olfato portentoso, descubren el posible lugar de la pieza. En ese momento se quedan inmóviles, como estatuas, mostrando la dirección por donde han recibido el olor. El cazador tiene tiempo de encarar el arma y estar preparado. A veces es la pieza la que no aguanta más la situación y salta. Otras veces hay que azuzar al perro, para que avance y la levante. En ese momento se produce el disparo y si hay suerte se cobra la pieza. Como te decía, después de las primeras piezas cobradas, el perro, el “dratar”, se sienta y nos mira como pasando de nosotros. Era sin duda el mejor perro de entre los que nos acompañaban y ¿nos hace esto? ¿Qué ha podido suceder? Era imposible que el perro estuviese agotado, el vigor y resistencia de estos perros parece no tener límites. Pero nada, el perro no miraba y seguía pasando de nosotros. Nos acercamos y con sorpresa vi que tenía una oreja llena de garrapatas, o así me parecieron a mi. En el campo hay, sobre todo en verano, muchas y de ellas son mártires, los perros, los conejos y en general todos los animales de pelo. Me acerqué más al perro para verle esa oreja y las garrapatas que de forma tan rápida le chupaban la sangre. Sin embargo, cuando toqué su oreja me llené de sangre, esas garrapatas no eran más que bolitas de sangre en cada uno de los huecos que le habíamos producido al perro por una perdigonada. El perro saltó por la codorniz, cuando uno de nosotros disparó con una escopeta cilíndrica de mucha apertura. Parte de los perdigones atravesaron su oreja y con buen criterio, el perro optó por no seguir cazando con cazadores tan malos. Su oreja era un colador, pero para colmo ¡se estaba jugando su la vida! Amigo Henarejos, ya te contaré una anécdota con la Guardia Civil. Saludos para todos, Román
Pobre PERRO, Rom?n: as? es la caza, menos mal si solo fueron las orejas y pudo salvar la vida, en mi familia de 3 guardas forestales , mi padre, mi abuelo y el tio Pepe (todos ya fallecidos), eran cazadores y tiradores de tiro al plato (tengo en casa algunos trofeos), pero lo de cazar ha desaperecido de nuestra familia. Buen fin de semana