De nuevo ha vuelto a brillar el Sol sobre Flandes Hace ya muchos siglos que en Flandes se había puesto el Sol para los españoles. Ahora el escenario de la batalla se había traslado hasta otro continente, África. Allí no estaba el temible Duque de Alba, allí solamente estaba un puñado de valientes, trabajadores inasequibles al desaliento, que superando todo tipo de adversidades, estaban dispuestos a vengar las múltiples “ofensas históricas” que había sufrido nuestro equipo nacional a lo largo de los 100 años de historia que le contemplaban. De nuevo las huestes oranginas, quisieron apagar la luz que iluminaba a los españoles, pero esta generación de futbolistas, bajo la batuta de un líder mesurado en las formas y enérgico en las decisiones, tomó de nuevo al asalto el baluarte enemigo. Cual si de nuevo estuviera al frente de las tropas el Gran Alejandro Farnesio, los legionarios del balón, supieron aguantar estoicamente las patadas, ardides y estratagemas discordantes que trataba de infligirles el enemigo. Con la retaguardia perfectamente asegurada por un chaval de Móstoles, paisano de aquel que supo levantarse contra las tropas napoleónicas, flanqueado por un sevillano y tres catalanes, pasando por el centro del escenario de la batalla donde, los “locos bajitos”, un manchego, un vasco, un chicharrero y dos catalanes, se encargaban de pasar municiones al tirador adelantado, un guaje escurridizo que traía en jaque a los defensores de la posición enemiga, la victoria estaba al alcance de la mano. Pero hubo que sufrir las tarascadas del enemigo. Como la batalla requería más esfuerzo, se sumaron a la misma tropas de refresco, un catalán, pequeño de estatura pero grande de corazón, un estilete andaluz y un “niño madrileño”. Todos ellos llevados en volandas desde el banquillo de suplentes, por unos compañeros que sus gritos de ánimo, participaban también de la epopeya. Por fin la justicia de la razón y del buen hacer se impuso y la victoria se inclino del lado de quien más lo había merecido, en ese partido y en los precedentes, en una inmaculada trayectoria. Solamente nos queda decir, en nombre de todos aquellos a quienes han hecho felices, gracias. Gracias por ser y por hacer sentirnos ESPAÑOLES.
YO S?Y ESPA?OL, ESPA?OL, ESPA?OL