La cara es el espejo del alma. Y, dentro de la cara, los ojos representan su máxima expresividad. De aquí el refrán del “a mal tiempo, buena cara”. Cuando las cosas no vienen bien, mejor es enfrentarse a ellas, con nuestro mejor espíritu, que se reflejará en nuestra mejor cara. En la poesía que os adjunto, Gutierre de Cetina destaca como la belleza de unos ojos se realza con la bondad en la mirada. Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados? Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos. Un cordial saludo, Román Martínez del Cerro
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01/08/2010 9:58 am