“UNA MULTA SOBRE ORDENES DEL GOBERNADOR EN PERSONA”

Como dije en mi primer relato, yo siendo de Gastador no tenía ni guardias, ni patrullas, ni ponía multas; pero kilómetros en las piernas si tenía bastantes.
El Aaiún lo recorrí en todos sus puntos cardinales, con las cuestas bajadas de punta a punta donde estaban todos los cuarteles.
Tuve un día como si me hubiese tocado la lotería. Los correos hicieron huelga unos días y del Despacho de Mando me dijeron de pasar a correos, que me darían una moto para despachar los telegramas que había urgentes. ¡Valla día!… La moto estaba al final de su vida, yo mas tiempo a su lado empujándola que sentado encima, era una chatarra sin frenos.
Todos los que estuvieron en El Aaiún sabían que las bajadas eran largas y bastante pronunciadas, yo con miedo de no poder pararme. Tuve que ir varias veces a Colominas a llevar los telegramas en aquellas condiciones.
Al otro día la devolví muy contento, porque sabiendo como era la moto pude pasar el día sin ningún accidente y devolver la moto entera. Si me hubiera pasado algo, haciendo la mili siempre tienes la culpa, y yo pensaba a mi pelo.
Al final de la tarde marchamos todo un grupo de compañeros para el cine, discutiendo y riendo. Al llegar un poco antes del cine vimos toda una delegación que cortaba la avenida delante el cine.
Nosotros “temporizamos” un poco, de lejos saludamos y yo reconocí enseguida el Gobernador. En ese mismo instante llegaba el autocar azul que los canarios llaman “La Gua-Gua”, ¡la gua-gua mi niño!, que todos habéis visto en aquella época y que tenía la parada cerca del cine. Sin tener en cuenta a la delegación les cortó el paso y tuvieron que desviarse para terminar de pasar al otro lado. Un oficial se dirigió a nuestro grupo, no se porqué fue a mi, seguramente por mis insignias y me dijo que tenía que ir a ver el Gobernador. Mis compañeros “se volaron como los pájaros” dejándome solo.
Me presente al Gobernador pegando los tacones:
-A las órdenes su Vuecencia.
No era la primera vez que lo hacía, ya que le llevaba papeles oficiales que tenía que darle en propia mano.
Me dijo:
-Gastador, multe el chófer por no respetar a los peatones.
– A la orden de Vuecencia, y se marcharon.
¡Madre mía!… Nunca hice una multa sin libreta.
La verdad es que el chófer no hizo la diferencia entra un rebaño de ganado y las personas que cruzaban.
Le pedí una hoja y le dije lo que pasaba, no comprendía y me decía que hacía años que paraba allí, le repetí que no era por el paro si no por no dejar la prioridad a los peatones y además al Gobernador. Así que recogí su número de permiso, seguro y matrícula.
Me fue al cine, a la salida un “follón” que no explico porque es demasiado largo. Por la mañana fui a ver al capitán Mateo que encontré en la segunda compañía y le di la multa; le conté lo que pasó y se rió, yo también, pero después.

Un gran saludo a los de la Policía Territorial y todos los Veteranos, sin olvidar los saharauis.

Dominé Ramírez, Marcos. (F) 31-01-2017
Policía Territorial.
El Aaiún. 1968-1969


Otros relatos del mismo autor:
104.- “DOS LEJÍAS, UNA CABRA Y UN ‘SEBOLLASO’ “
105.- “UNA MULTA SOBRE ORDENES DEL GOBERNADOR EN PERSONA”