CODORNICES: Lo que me dice mi amigo Viaño, me trae a la memoria otra anécdota, esta algo más antigua. Si Viaño, además de la escopeta del BIR, en mis años jóvenes fui cazador, con perro, escopeta e incluso con dos cañones paralelos, huecos, por donde, normalmente, debían salir perdigones. Ahora, con los años, me he vuelto mucho más sentimental y prefiero ver vivas a las codornices en lugar de colgadas en una percha. A lo que iba, un primo y yo conseguimos dos buenos cachorros de “braco”, un magnifico pero de caza. Pero teníamos que adiestrarlo para este menester. Como la cacería no es demasiado abundante, conseguimos dos cajas de codornices de granja, pero conseguidas de huevos de codornices salvajes. Rápidas y fuertes de vuelo. Localizamos una finca que nos permitiera soltar las codornices en un sembrado de alfalfa, así que teníamos todo lo necesario para entrenar a nuestros perros. Muy temprano, mi primo y yo, introducimos los dos perros en el maletero del coche, un simpático Renault, 4L, propio para salir al campo. Luego, las dos cajas de codornices, unas cincuenta, en el asiento posterior del coche. Escopetas, cartuchos y todo lo demás y sobre todo mucha ilusión y esperanzas en nuestros jóvenes perros. Todo perfectos, pero...los perros, con el olor de las codornices andaban muy nerviosos. ¡Demasiado nerviosos! De repente, ocurrió lo que nunca podíamos imaginar que pudiese pasar. Por los laterales del asiento trasero, los perros consiguieron pasar al interior del coche y como verdaderas fieras se tiraron contra las cajas de codornices. Todo ello, en medio de la carretera, camino de la finca. Las cajas, de cartón, no resistieron ni el primer envite y salieron, despavoridas, volando por el interior del vehículo. Nos tiramos al arcén, paramos, cerramos los cristales y como pudimos nos defendimos de cincuenta codornices sueltas, volando en el interior de un 4L y perseguidas por dos terribles fieras, que eran nuestros jóvenes cachorros. ¿Os podéis imaginar la escena? Los perros pasaban por lo alto de nuestras cabezas, las codornices chocaban por todas partes y nosotros no teníamos manos para apaciguar esa terrible batalla. ¡Menos mal que no apareció en esos momentos la Guardia Civil de tráfico! Naturalmente, nos tuvimos que meter en la cruenta lucha y como pudimos nos abalanzamos sobre los perros. No sin gran sufrimiento por nuestra parte. Además el calor y olor a codorniz, dentro de las reducidas dimensiones del 4L, se hacía insoportable. Por fin, conseguimos reducir a las fieras. Las víctimas, por el lado de las aves fueron innumerables. Y, nuestra situación, en el interior del coche era esperpéntica. Como pudimos, conseguimos proseguir la marcha. Fue necesario entrar con el vehículo al mismo sembrado y allí abrir las puertas y dar suelta a las supervivientes de la gran batalla. Tras un tiempo prudencial, dimos suelta a los perros, para así terminar la guerra. Paraca Viaño, en otra ocasión te contaré lo que pasó con los perdigones que salen por esos huecos que tienen “algunas escopetas”. Saludos cordiales, Román
Jejeje....amigo ROMAN: Bonito relato para ilustrar una de esas tardes de oto?o, con caceria frustrada, que ha podido terminar en tragedia en la carretera, por el FIASCO de perros y codornicen en el interior del 4L, yendo por la carretera. (?esta no es de RECLUTA?, m?s bien de cazador-novato) Esperamos con ansiedad, el cap?tulo de las PERDIGON?S. Un abrazo
La guerra de los perros y las codornices se parece al desembarco de Normandia,ademas una guerra a tres bandas,saharianos,perros y codornices,!menudo lio!