“VIAJAR EN EL TIEMPO ‘MAYO DE 1.957’ “

Uno de mis grandes anhelos sería viajar en el tiempo y puestos a elegir preferiría que fuera al pasado; pero como todavía que yo sepa, los inventores, los científicos o los investigadores no han dado con ese artilugio que satisfaga ese sueño, de una forma más simple y más imaginativa he solucionado ese gran deseo, simplemente con pluma, papel y echando la mirada al espejo retrovisor de los recuerdos y de un simple “plumazo” he retrocedido más de medio siglo, 60 años justos y para ser más preciso trasladarme y situarme en la primavera del mes de mayo de 1.957.
“ … Yo tenía 7 años y en casa no teníamos despertador, para eso estaban mis vecinas las monjas Clarisas, que con el toque de sus campanas eran la referencia horaria con la exactitud de un reloj suizo, después de asearme y tomar un vaso de leche con un poco de café mezclado con achicoria y sacarina (el azúcar solo se utilizaba si había invitados), cogía mi bolsa de tela y con el hiladillo que hacía de cierre y a la vez de banderola me la colgaba al cuello a modo de corbata, en ella portaba 2 trozos de lapiceros, el uno normal, el otro de tinta y que había que mojarlo con la saliva de la lengua para que funcionara, un trocito de goma, media docena de pinturas de colores sueltas, un porta-plumas con algunas plumillas y 2 cuadernos, uno que utilizábamos para las cuentas, los dibujos, los dictados y el otro el de la caligrafía. Casi todos los niños suspirábamos con tener una vieja cartera de cuero, un plumier usado, un saca-puntas ó un libro de Álvarez heredado del hermano mayor ó de algún familiar.
Estaba matriculado en las escuelas nacionales, las públicas, las gratuitas, donde cerca de medio millar de niños/adolescentes de entre 4 a 14 años, acudíamos con gran ilusión por recibir una adecuada formación. Antes de las 10 de la mañana correteábamos los escolares por unos amplios y desangelados pasillos junto a las puertas de las clases a la espera que el director de la escuela mandara:
-¡Silencio!, ¡Firmes!, ¡A cubrirse! y otra vez ¡Firmes!
En una formación perfecta, como auténticos legionarios, con la cabeza erguida y la mirada al frente comenzábamos a cantar “el Himno Nacional”, o “el Cara Sol” o “Prieta las Filas” o “Montañas Nevadas”…, luego con paso marcial en fila de 2 cada uno de los 10 grupos pasábamos a sus aulas correspondiente. Allí más de 40 alumnos íbamos ocupando los pupitres la mayoría de ellos estaban desvencijados, llenos de rayones, tachones y manchas de tinta.
El aspecto general de aquellos niños de la generación de la posguerra, era tercermundista, muchos de mis compañeros estaban famélicos, desnutridos, mal vestidos, con rotos, con jirones, mal aseados, sucios, con mocos, con roña, con piojos e incluso con sarna.
El escenario, la clase, no desentonaba con los actores que la ocupábamos, presidia la clase un Crucifijo, parecido al que nuestras abuelas tenían en sus alcobas en la cabecera de sus camas, completaba la decoración frontal dos fotos en blanco-negro enmarcadas, a la diestra la del Caudillo de España –con uniforme de Capital General- el Generalísimo de todos los Ejércitos, Francisco Franco Bahamonde y al otro lado de la cruz, el fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. En el estrado de madera la mesa del maestro y sobre un trípode el encerado, en las paredes laterales colgaban un par de mapas de hule, ahumados por el mal tiro de la estufa durante el invierno y retorcidas sus puntas por estar resecas del paso del tiempo. En el mapa de España figuraban con distintos colores las diferentes regiones, como por ejemplo en Castilla la Vieja, Santander y Logroño tenían el mismo color que sus hermanas las otras seis provincias, o las cinco provincias de Castilla la Nueva (Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara) y como colonias españolas en África estaba Ifni, el (1) Sahara Español y Río Muni (Guinea Española).
A partir de las 11 horas en intervalos de 5 minutos cada clase salía al recreo, pero antes de salir al patio exterior, en el corredor tomábamos un jarro de leche en polvo que los americanos “regalaban” al pueblo español, la leche estaba calentita aunque la mayoría de las veces mal disuelta y formando grumos, no obstante era nuestro mana de cada mañana, algunos escolares sacaban un coscurro de pan duro de hogaza remojándolo para que se ablandara y romper con su ayuno obligado pues desde que había amanecido el día era lo primero sólido/líquido que llegaba a sus vacios estómagos.
Repuestas las fuerzas y hasta completar la media hora de asueto jugábamos en el patio, con las canicas (las bolas), con las chapas de las botellas (de refrescos o cerveza), con los cartones de las cajas de cerillas, con los programas de cine, con las peonzas (los trompos) o saltando a la “piola” ( A la una anda la mula, a las dos anda el reloj, a las tres… ó “zurro, pico taina, sardina o pez”).
De vuelta a la clase, lo primero era rezar el “Ángelus” y a continuación canturrear la tabla de multiplicar la del uno, la del dos, la del…, también había que leer obligatoriamente unos párrafos de la novela de M. Cervantes “Don Quijote de la Mancha” ó de un manoseado libro de fábulas.
A partir de las 13 horas sonaba el pito y la frase:
– ¡Podéis salir en orden y en silencio!
Por la tarde más de lo mismo, cuentas, dictado, caligrafía y los alumnos más aventajados participaban en la confección del cuaderno de “Formación del Espíritu Nacional”, representaba a toda la clase y era la tarjeta de presentación del nivel del curso y comprobar que progresábamos adecuadamente ante los ojos del temido inspector provincial (vestido de Falangista) cuando éste giraba una visita inesperada.
Finalizada la jornada escolar teníamos premio, o mejor dicho “postre”, una ración de queso amarillo también por gentileza de los yanquis y que nos serviría de merienda para la mayoría.
Pese a ser niños de 7 años la jornada la completábamos no solo haciendo los deberes en casa, sino colaborando y ayudando en el trabajo a nuestros padres cada uno en su gremio. Anecdóticamente en este mes de Mayo/1.957, en mi caso, ocupado con dos actividades extra- escolares:
1/ Hacer de apuntador de mi hermana, pues al ser el mes de María, el mes de las flores, tenía que aprenderse y memorizar un poema de más de 100 versos y recitarlos durante el rosario a la Virgen.
2/ Yo y medio centenar de chavales, las tardes de los jueves y sábados de aquel mes primaveral acudíamos a las clases de catequesis, pues el 30/Mayo/1.957 (San Fernando), sería ese gran día en la etapa de la infancia “LA PRIMERA COMUNIÓN”.


De vuelta a casa y aparcar la nave de la imaginación y del recuerdo, ya instalado en el presente, quiero dedicar estas líneas como homenaje a aquellos “BUENOS MAESTROS”, a esos pedagogos del saber que ahora ya jubilados han cumplido sus LX Aniversario de docencia, de dedicación, de mal pagados, de sacrificio, de abnegación y que ejerciendo su profesión, allá en las décadas de los años 50 y 60 fueron modelo para el niño, orgullo para la sociedad y faro para el pueblo.


Pido disculpas, (por esta coletilla), pero no puedo evitar y pasar de largo cada vez que menciono (1) El Sahara Español –El Aaiún (Provincia 53 española)-, recordar los disciplinados y sufridos 15 meses de mili que pasé durante los años 1.971/1.972, allí padecí polvo, sudor y lagrimas.

Quizá de mi aventuras africanas, las narre en los próximo viaje que haga al pasado.

Martínez Del Pino, José Vicente. (Z) 08-06-2017
Ingenieros.
El Aaiún. 1971-1972


Otros relatos del mismo autor:
Relato 099.- “ANÉCDOTAS REEMPLAZO R/70-3º.- B.I.R. 1, V COMPAÑIA BARRACON 55”
Relato 100.- “MIS PRIMERAS: ’50 HORAS DE MILI’ “
Relato 101.- “AGENTE SECRETO”
Relato 107.- “EXCURSIÓN A FOS-BUCRAA”
Relato 108.- “VIAJAR EN EL TIEMPO ‘MAYO DE 1957’ ”
Relato 110.- “16-AGOSTO-1.972 Y 17-AGOSTO-2.017”